4.12.09

'Desde el manicomio' en 'Neuroanthtropology' (!)






Continuando con los tópicos cotidianos, confío en que no seremos juzgados con excesiva dureza por la pueril jactancia que la actual entrada motiva: este módico blog nuestro ha sido citado recientemente, y en un par de ocasiones, por el descollante blog Neuroanthropology en su acostumbrada sección Wednesday Round Up.

La primera ocasión, Wednesday Round Up # 84 del 7 de octubre del 2009, fue a propósito de nuestra entrada 'No nos ganan: tratamientos radicales contra las adicciones'.

La segunda, Wednesday Round Up # 89 del 12 de noviembre del 2009, fue a propósito de nuestra entrada 'Genes y libertad humana: a propósito de un caso'. Aquí cabe resaltar que se atribuye justificadamente la autoría de la entrada a nuestro alter ego, el poeta César Vallejo, pues el epígrafe de su versos lujosamente condensa las ideas que pretendíamos expresar. Un doble e inmerecido honor.

Sean estos renglones de desvergonzada autocomplacencia a propósito por el reciente primer aniversario desde que empezamos este experimento de blog. Con un saludo de gratitud, por cierto imprescindible, para nuestros amables y tolerantes lectores...



Pantuflas de Freud para esta Navidad





Y siguiendo con las entradas triviales que hacen cada vez más módico a este blog, no podemos resistirnos a ofrecer esta propuesta de obsequio ahora que estamos ad portas de tantos intercambios de regalos y tantos 'juegos del amigo secreto' en los corrillos psiquiátricos: he aquí este coqueto par de pantuflas freudianas ('freudian slippers': amenísimo juego de palabras pues 'freudian slip' significa acto fallido).

Esta bonita alternativa de presente navideño ofrece a su feliz futuro poseedor no sólo la elegante comodidad de tener a Freud a los pies de uno sino que puede demostrar muy al vivo nuestra intensa devoción por el padre del psicoanálisis. Su exclusivo diseño permite que los dedos del pie calcen exactamente dentro de la lengua de Don Sigmund, de modo tal que al mover uno los dedos veremos a Freud haciéndonos muecas con su lengua colorada -y con un poco de imaginación no faltará nada para escucharlo-.

Por si fuera poco, allí no se agotan las curiosidades del artilugio: los diseñadores ofrecen... Para qué seguir, mejor deléitense ustedes mismos con la página electrónica de Stupid.com y seleccionen otros simpáticos presentes (como Tickle Me Freud) para sus distinguidos 'amigos secretos'.


¿Un salmo bipolar?






El salmista ensalzando, en su manía psicótica, al DSM.

No deja de ser baladí la anécdota tanto como la referencia que hoy pretendemos efectuar sobre un inserto en el reciente número del British Journal of Psychiatry (Vol 195, N° 6, p. 550): Did the author of Psalm 30 have cyclothymia or bipolar disorder? por G. Stein.

El autor reputa a dicho salmo como una manifestación de abruptos cambios en el estado de ánimo que semejan las oscilaciones propias de un trastorno afectivo. Transcribimos aquí la integridad del Salmo 30:


1 Glorificarte he, oh Jehová; porque me has ensalzado, Y no hiciste a mis enemigos alegrarse de mí.
2 Jehová Dios mío, A ti clamé, y me sanaste.
3 Oh Jehová, hiciste subir mi alma del sepulcro; Dísteme vida, para que no descendiese a la sepultura.
4 Cantad a Jehová, vosotros sus santos, Y celebrad la memoria de su santidad.
5 Porque un momento será su furor; Mas en su voluntad está la vida: Por la tarde durará el llanto, Y a la mañana vendrá la alegría.
6 Y dije yo en mi prosperidad: No seré jamás conmovido;
7 Porque tú, Jehová, por tu benevolencia has asentado mi monte con fortaleza. Escondiste tu rostro, fui conturbado.
8 A ti, oh Jehová, clamaré; Y al Señor suplicaré.
9 ¿Qué provecho hay en mi muerte, cuando yo descienda al hoyo? ¿Te alabará el polvo? ¿anunciará tu verdad?
10 Oye, oh Jehová, y ten misericordia de mí: Jehová, sé tú mi ayudador.
11 Has tornado mi endecha en baile; Desataste mi saco, y ceñísteme de alegría.
12 Por tanto a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre.


Stein halla especialmente en los versículos 3-5 y 8-12 la patente oscilación anímica que supuestamente sólo una persona con experiencia de tales bruscos cambios de humor, del duelo (mourning) a la euforia (elation), podría describir tan bien. Acto seguido constata que también los pacientes hoy atribuyen sus cambios de humor a la intercesión de la divinidad y finiquita achacando al salmista un probable diagnóstico de trastorno bipolar o, cuando menos, de ciclotimia.

Sinceramente, ¿es menester añadir algún comentario?

3.12.09

Un poquito de nuestro propio haloperidol





La inolvidable enfermera Ratched de 'Atrapado sin salida'.


Ha concitado nuestra atención la reciente entrada del blog Nietos de Kraepelin: De la mescalina a la paroxetina -aparte de que había ya expectativa por el retorno de su elegante y sobria pluma- dado que toca el aspecto de los psicofármacos y sustancias psicoactivas y su autoexperimentación en individuos sanos, incluyendo, claro está, psiquiatras. Alguna vez hemos conversado con los médicos residentes al respecto, no sobre LSD ni peyote -parece lejano el día en que se usaban para determinadas psicoterapias experimentales- sino sobre el humildísimo haloperidol que indicamos a pasto diariamente.

Se ha relacionado al haloperidol y otros antipsicóticos con la experiencia de vivencias disforizantes, no estrictamente acatisia, la que de por sí es más que desagradable, por cuanto el bloqueo de dopamina estaría vinculado a la disminución de capacidad hedónica. Así, Voruganti y Awad han efectuado una revisión al respecto en que exhortan a explorar el efecto disforizante de los antipsicóticos más allá de la terapia neuroléptica pues tradicionalmente se la subsumido con la experiencia de acatisia. (Los mismos autores amplían su revisión en Acta Psychiatrica Scandinavica).

Alguna vez hemos experimentado aquella vivencia disforizante del haloperidol intramuscular. No era estrictamente sólo la acatisia -qué huera resulta después aquella mísera definición de 'inquietud subjetiva y objetiva' como descripción de la acatisia- sino una interesante forma de despersonalización y desrealización. La extrañeza del entorno que nos rodeaba activaba una primitiva angustia adunada a la vivencia desagradablemente novedosa de la corporalidad y -¿cómo lo diré?- algo parecido a una conciencia pesada y tediosa de los propios pensamientos, pero no en tropel ni tampoco en cámara lenta, sino algo distinto: el desacostumbramiento de ellos. Nada que ver con la clorpromazina, eso sí, que más allá de un sueño no muy denso y el dolorcillo del glúteo inyectado, pasó sin más.

Luego he encontrado este artículo de Kapur en el American Journal of Psychiatry que trata de explicar concatenadamente los aspectos neurobiológicos, fenomenológicos y farmacológicos de la psicosis y los antipsicóticos: Kapur repite el planteamiento de la psicosis como un estado de 'aberrant salience', que podemos traducir como un estado de predominancia anormal de un contenido mental (en el caso de la psicosis, las alucinaciones y delirios). En esa línea describe cómo la dopamina normalmente permite la conversión de la representación mental de un estímulo externo, desde un tono neutro hacia una entidad atractiva o aversiva, luego, en psicosis, la dopamina devendría en creadora de esas 'saliencias' o predominancias aberrantes...

Los antipsicóticos, ergo, al bloquear la dopamina -pues todos ellos comparten dicha propiedad- podrían abatir progresivamente dicha 'saliencia' anormal. Así como otros pensamientos, recuerdos, imágenes o cualquier contenido mental pueden ir perdiendo vivacidad poco a poco y espontáneamente, la mente ocuparía sus procesos psicológicos innatos para domeñar tal saliencia patológica, lo que es inicialmente imposible, en el caso de la psicosis, sin el fármaco antipsicótico. Aquí entraría poderosamente el rol del abordaje psicoterapéutico: está así descrita la fenomenología del proceso de degradación de las estructuras delirantes: al inicio el paciente sigue convencido de sus fenómenos psicóticos pero 'ya no le importan tanto...' luego progresivamente los soslaya, los relativiza, los olvida, etc. (Castilla del Pino tiene excelentes monografías al respecto).

Pienso que en un mi caso esa despersonalización y desrealización al usar haloperidol, no hallándome psicótico, podrían haber provenido de una general abolición de las 'saliencias' normales y cotidianas de la realidad interna y externa circundantes. David Healy revisó la 'indiferencia psíquica' en este artículo y habló de algo semejante (de hecho, clásicamente los neurolépticos eran descritos como ataráxicos, esto es, generadores de indiferencia psíquica).

Creemos sinceramente que la autoexperimentación de psicofármacos por parte de nosotros los prescriptores -sin imposición alguna ciertamente- constituiría una valiosa experiencia de comprensión (verstehen) de nuestros pacientes y sus avatares. A veces parece que nos estuviésemos quedando escasa y penosamente sólo en la pálida, distante explicación (erklären, para hablar al jaspersiano modo).

1.12.09

El caso de José Diego Yllanes y el homicidio de Nagore Laffage




José Diego Yllanes Vizcay / Nagore Laffage Casasola

Por estos días España ha asistido consternada al proceso judicial de José Yllanes (27), acusado y condenado recientemente a 12 años y medio de cárcel por el homicidio de Nagore Laffage Casasola (20), luctuoso hecho éste que aconteció el 7 de julio del 2008 en la ciudad de Pamplona, precisamente en el inicio de temporada de su tradicional Fiesta de San Fermín.

La información presentada en el juicio y difundida por diversos medios de prensa informa que al amanecer de la fecha señalada, luego de beber alcohol, Yllanes y Nagore, quienes aparentemente no se conocían directamente de manera previa, fueron presentados por amigos comunes. Rápidamente, en la efervescencia del momento, "ligaron", esto es, empezaron a intercambiar besos y caricias cada vez más efusivos y acto seguido acudieron a un piso de propiedad de la familia de Yllanes. Allí, en un exacerbado arrebato, Yllanes empezó a desgarrar la ropa y tratar con violencia a Nagore quien, asustada ante la posibilidad de sufrir una agresión sexual, pidió a Yllanes que se detuviera, lo habría amenazado con denunciarlo o mencionado que esto perjudicaría su carrera y entonces se produjo la agresión fatal: Yllanes arremetió contra Nagore con golpes de puño en la cara y otras partes del cuerpo, cortó una llamada de auxilio que ella inició mediante teléfono celular y finalmente la estranguló a mano limpia.

En seguida, Yllanes limpió la escena del crimen y mutiló el dedo índice de la mano derecha de la víctima además de intentar cercenar la mano para dificultar la identificación. Envolvió el cadáver en bolsas y lo dejó en un descampado donde fue ubicado por la policía. Posteriormente refirió que había pensado suicidarse pero no se atrevió a hacerlo.

Yllanes no ha sido condenado por asesinato sino por homicidio, asumiendo algunos atenuantes alegados por su abogado. Las apelaciones del proceso, por la acusación y la defensa, son inminentes.

Se ha visto en este caso una manifestación de la llamada violencia de género y han aflorado opiniones que intentan inclusive justificar el hecho. Se ha descrito la personalidad del acusado en cuanto a lo que habría significado el supuesto derrumbamiento de su autoimagen como explicación de su desgraciado proceder, tan absurdo como una huída hacia adelante.

Olvidábamos anotar que Nagore Laffage era estudiante de enfermería y hacía prácticas en la Clínica Universitaria de Navarra donde José Yllanes -definido por la prensa como prototipo del hombre triunfador, émulo de su padre, un exitoso neurocirujano de origen peruano- cursaba el último de los cuatro años de su especialización médica (MIR) en psiquiatría.


La víctima y su victimario.