jueves, 18 de septiembre de 2014

Manía inducida por bebidas energéticas con alto contenido de cafeína








Recientemente hemos reportado una observación clínica que podría ser de interés, sobre todo ahora en que el mercado de bebidas ofertadas como "energizantes" crece sin tregua y sin cautela,  poniendo a disposición del consumidor desavisado altas concentraciones de cafeína que no son carentes de efectos psicoactivos potencialmente patológicos.

Dada la extensión del consumo de cafeína en diferentes presentaciones por la población general, debiéramos asumir una previsora vigilancia en la detección del consumo sin tasa de estos productos, principalmente por personas que se presentan con diferentes molestias psicopatológicas a la consulta médica o psiquiátrica, o en personas con diagnósticos previamente establecidos pero cuya evolución no es la esperada con el tratamiento instaurado.

A partir del caso de una paciente, sin antecedente de episodios afectivos, y quien desarrolló dos episodios de manía asociados al consumo de altas dosis de cafeína, revisamos la bibliografía pertinente y apuntamos a los posibles mecanismos neurobiológicos subyacentes, así como a algunas perspectivas en el estudio de estos fenómenos a partir de las vías de neurotransmisión implicadas. Recuérdese que Kraepelin fue también pionero de la psicoofarmacología ejecutando estudios acerca del efecto de sustancias consuetudinarias, como la cafeína y el alcohol, en el desempeño de sujetos experimentales: bien podría ser que a partir de la polifacética molécula de cafeína llegasen a asomar interesantes vislumbres sobre la fisiopatología de la psicosis y la manía.









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ENLACE:

- Cruzado L, Sánchez-Fernández M, Cortez-Vergara C, Rojas-Rojas G. Manía inducida por bebidas energéticas con alto contenido de cafeína. Act Esp Psiquiatr. 2014; 42 (5): 259-66.





domingo, 14 de septiembre de 2014

Las Fiestas Patrias en el Hospital Larco Herrera de Lima, Perú.




Es una tradición que se repite año tras año la celebración de las fiestas patrias (aniversario de la declaración de la independencia del Perú, acontecida el 28 de julio de 1821) en el más grande y antiguo de los hospitales psiquiátricos de la capital de la república. Ataviados como figuras del imaginario histórico y popular de la patria, se hace desfilar a pacientes y personas asiladas del Hospital Víctor Larco Herrera, fundado en 1918, por las vetustas avenidas del antiguo asilo-colonia en donde ha discurrido la existencia de miles de personas con padecimientos mentales.

En el Perú, donde la estela militar, tutelar y gubernativa, ha sido la norma a lo largo de su historia, emular los desfiles castrenses es consuetudinario en cada aniversario de la independencia y en toda efeméride cívica. Desde niños, es tradición de los estudiantes en la época de fiestas patrias ensayar marchando cual gallardos soldados ya sea que cuenten con pocos -o muchos- años de edad. Igualmente, disfrazarse de héroes y de próceres, es parte del costumbrismo propio de estas fechas: los entorchados de oropel, las cintas rojiblancas, las barbas y patillas pintadas con corcho quemado o simuladas con lanas, garrotes de madera portados cual amedrentadoras metralletas, las botas falsas hechas de cartulina negra rodeando la pantorrilla... todas esas escenas de la infancia se repiten asimismo en estas fotografías, incluyendo a aquel que tiene y puede lucir terno y a quien se le impone la banda rojiblanca cual "presidente de la república", y la niña -o la viejecita- más agraciada o salerosa es distinguida con inmaculada veste blanca y laureles en las sienes misma "madre patria".

No deja de ser alegórica la contradicción entre la disciplina militar rígida que se pretende emular y que acaba disuelta y caricaturizada en la parodia de las personas internadas en el hospital psiquiátrico: ellos festejan a la patria que los ha segregado, haciendo una imagen especular de ella en sus tradiciones más estereotipadas e iconográficas.

No sabemos cuándo se inició esta tradición en el Hospital Larco Herrera, pero sería digno de atención averiguarlo, así como, más allá del mero registro visual, asomarnos a cómo viven los participantes esta experiencia que aduna esa emoción temprana y comunitaria que solemos vivir como patriotismo, y la vivencia de integración grupal que se suscita cada 28 de julio mientras la ciudad sobrevive cubierta de neblina a un aniversario más del Perú.





























































Créditos de las fotografías:

Correo.pePeru21.pe, El Comercio.pe, Perú.comTrome.pe.



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domingo, 7 de septiembre de 2014

Defensa del reporte de caso en psiquiatría








"La absorción penetrante en el caso individual, enseña fenomenológicamente, a menudo, lo general respecto de incontables casos. Lo que se ha aprehendido una vez, se vuelve a encontrar mayormente. Importa menos en la fenomenología el amontonamiento de incontables casos, que la contemplación interior, completa en lo posible, de los casos particulares."



K. Jaspers.
Psicopatología General.
México: FCE; 1993. p. 66.






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viernes, 29 de agosto de 2014

Homenaje a Honorio Delgado, por L.J. Cisneros




Honorio Delgado Espinosa
(en la Galería de Rectores de la Universidad Peruana Cayetano Heredia)


Hallar un texto de homenaje, carente de sahumerio impostado o ramplón platillaje, y que recobre la imagen de un prohombre caro a nuestra tradición psiquiátrica es, en los linderos de nuestro escaso quehacer, una tarea valiosa. Y si no es pergeñado por un discípulo o cófrade, mayor es la relevancia pues nos habla de cómo el homenajeado trascendió el terreno de su labor estrictamente profesional para coronar la talla de un obrero del espíritu que iluminó a quienes compartieron su itinerario vital tanto entonces como más allá de su vida terrenal.

El otro día comentábamos con los colegas residentes cómo el Curso de Psiquiatría de Honorio Delgado, que usamos en  su proceso de enseñanza-aprendizaje, fue confeccionado por su autor como libro de texto para estudiantes de pregrado de medicina, sin embargo hoy, a muchos de los colegas médicos en trance de especializarse les resulta ora abstruso, ora demasiado arduo. Mas, ¿acaso hemos involucionado en nuestra capacidad de comprensión desde hace pocas décadas hasta hoy?





Nada de eso, concluimos, no, no es nuestra capacidad intelectiva la atrofiada sino nuestra aspiración y nuestra escala de valores que tiende al facilismo y no al esfuerzo, al ingenio y no a la disciplinada labor intelectual. En diversas ocasiones hemos comprobado, cuando uno de nuestros discentes desconoce la respuesta a una interrogante planteada, que ya ni siquiera ruborizándose esboza algún intento inteligible de subsanación sino que prefiere la "boutade" chusca que provoque la hilaridad y así pueda escabullirse de su desconocimiento o de su displicencia, cual si solo pudiese establecerse un contrapunto de frases charras y hueras luego, en vez de un fructífero intercambio intelectual. Así estamos.

Recordemos que Honorio Delgado ha dejado un magisterio que solo nuestra dejadez e indolencia puede ignorar.  Luis Jaime Cisneros, que no fue psiquiatra ni médico sino destacado lingüista,  literato y veterano catedrático, nos recuerda cómo la estela de Don Honorio nos impone un imperioso llamado por el cual la cultura es una forma de vida y debe impelernos al cuestionamiento sobre cuál es la universidad que nosotros deseamos, una solo dadora de títulos a mansalva o una que realmente custodie la formación del espíritu y acreciente la talla humana de los que en a ella llegamos y en ella discurrimos. Nosotros tenemos la respuesta.








Fuente: Cisneros LJ. Mis trabajos y los días. Lima: PEISA; 2000. pp.228-232.


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domingo, 17 de agosto de 2014

Luz de agosto








La insulina y la esquizofrenia han sido forzadas a tener cosas en común. Esto se suscita desde que en 1927 Manfred Sakel empezase a aplicarla a personas con esquizofrenia y otros padecimientos mentales (la insulina recién había sido aislada y sintetizada pocos años antes y, como todo lo nuevo, se aplicaba a diestra y siniestra), hasta hoy en que varios antipsicóticos atípicos están asociados al desarrollo de síndrome metabólico y diabetes en muchas personas que reciben prescripción de dichos medicamentos. 

Asimismo, un socorrido recurso de muchos colegas ante pacientes y familiares, es comparar a la esquizofrenia con la diabetes ("no se cura, solo se controla, siempre tiene que tomar sus pastillas, toda la vida, etc...") con la supuesta buena intención de que se cumpla la igualmente supuestamente benéfica prescripción.

Sin embargo, nadie les administra sus pastillas molidas o a escondidas dentro de sus dietas a los diabéticos ni compara su enfermedad con la esquizofrenia ("no se cura, solo se controla, siempre tiene que tomar sus pastillas, toda la vida, etc..."), y desde luego nadie encierra en un hospital contra su voluntad a los diabéticos que no se inyectan su insulina o que se rehúsan a seguir la dieta o tragar sus píldoras de glibenclamida,  pese a que muchos acabarán con los pies amputados o los riñones esclerosados o las retinas clausuradas.

La diabetes y la esquizofrenia no se parecen tanto entonces....


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Con los estudiantes de pregrado nuevamente se reaviva, y es bueno, ese debate sobre la peculiar terminología que divide en "gestos" e "intentos" a las crisis suicidas. "Gesto" si quería llamar "la atención" e "intento", si de verdad "quería matarse" el paciente o usuario de los servicios de salud. Conceptuación precaria pues la ambivalencia de querer vivir / querer morir es la norma y el epíteto de gesto tiene consecuencias peyorativas y soslayadoras, además que todos queremos, de formas socialmente aceptadas o no, llamar la atención para alcanzar nuestros propósitos interpersonales, no solo los suicidas, "intentadores" o "gestualizadores"...

Insistimos en que el punto no radica solamente en prevenir muertes sino en que, ¡diantre!, no nos hicimos médicos solamente para evitar muertes sino porque no podemos tolerar ante nosotros el dolor, digo, ¿no?

¿No?


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¿Es ventaja o desventaja que en inglés se distinga entre "crazy" y "mad" mientras en español no haya tal distinción?